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videoarte, obras que nacen de la tecnología



DVD is Dead Momu & No Es

El arte evoluciona al ritmo que lo hace la sociedad. Las formas de expresión son un reflejo de lo que nos mueve y nos conmueve, y en la era digital el papel de las tecnologías y de lo visual ha irrumpido en todos los ámbitos, entrando en nuestras casas y aposentándose en el sofá. Haciendo eco de esta circunstancia, el videoarte tiene cada vez más capacidad de captación. Hace casi 60 años que este género artístico dio sus primeras pataditas, pero es en el siglo XXI cuando realmente ha logrado imponerse, haciéndose un hueco en las galerías y museos como arte que lo engloba todo. Como explican Eva Noguera y Lucía Moreno –aka Momu & No Es–, “en una realidad asediada por el bombardeo de imágenes y la fragmentación rítmica, el video se ha convertido en algo mucho más complejo que engloba cuestiones sobre cómo hoy entendemos y nos relacionamos, no sólo con las imágenes, sino con su consumo y los dispositivos que las producen y reproducen”. T: Vicky Navarro, Andrea Ruiz

En ‘Mark’, un video de Marion Balac y Carlos Carbonell, el fundador de Facebook Mark Zuckerberg se alza como presidente de los Estados Unidos para encumbrar la Inteligencia Artificial (IA) como gran ente de poder. El video musical futurista “mezcla nuestros sentimientos complejos hacia la trayectoria de Zuckerberg, el surgimiento de la IA y los comportamientos de los usuarios de las redes sociales”, cuenta Marion. “La imagen pública de Mark Zuckerberg es la de un CEO poderoso pero socialmente torpe, respetado pero también algo ridículo, que siempre contradice sus supuestos deseos de “hacer del mundo un lugar mejor” y su mala interpretación de las necesidades humanas. En el video nos burlamos de su enfoque hacia la realidad virtual o la domótica, pero también traducimos su infinita necesidad de poder y reconocimiento. Imaginamos un futuro en el que quiere superar su estatus humano, pero también falla en comprender a sus compañeros”, añade. Una historia de poder y de debilidad humana enfocada con humor, que no esconde el lado inquietante de esta odisea tecnológica que es el progreso.

A menudo, la forma más eficiente de abordar los temas serios es a través del humor. El mundo está lleno de situaciones absurdas y el humor nace como un mecanismo para hacerles frente. Momu & No Es, dos jóvenes creativas conocidas en el sector del videoarte, lo tienen claro. Su obra da paso a espacios ficcionados donde usan referentes populares para generar espacios familiares pero alterados y resignificados, de manera que siguen siendo reconocibles y fluyen en movimiento, pero provocan “momentos de tensión, señales que muchas veces se traducen en humor y en gestos singulares, que son lo que en última instancia conectan el trabajo con el espectador”. A partir de estos personajes, cuestionan lo que ven y se despojan de todo contexto, haciendo que elementos de nuestra realidad “se magnifiquen y muestren su absurdidad en todo su esplendor”. Para explicarnos el papel del humor y la ironía en su obra, Momu & No Es citan a la crítica de arte Mery Cuesta: “El humor es la principal defensa que nuestra alma tiene para luchar contra el desánimo”. Y es que el humor es una herramienta muy poderosa.

Puede que, cuando pienses en videoarte, te preguntes qué es exactamente. Es difícil definirlo, ya que puede manifestarse de distintas maneras, ya sea complementando una instalación artística, documentando una performance en directo, con carácter reivindicativo, o bien como resultado de un trabajo experimental. Este último es el caso de la obra ‘Ocean Without a Shore’, expuesta actualmente en PLANTA, un proyecto de Fundació Sorigué donde arte, ciencia, arquitectura y paisaje se fusionan creando un espacio expositivo innovador y vibrante en Lleida. Su autor, Bill Viola, es uno de los grandes exponentes del videoarte de los años 70, pionero en este género, y tuvimos la suerte de conocer a Kira Perov, fotógrafa, mujer y representante del artista norteamericano, durante la presentación del nuevo espacio. En ‘Ocean Without a Shore’, 24 personas de diferentes géneros, edades y etnias traspasan el umbral entre la vida y la muerte a través de una cortina de agua y cada uno tiene su propia respuesta emocional. “Equivale a la veneración de la vida y, por consecuencia natural, a la veneración del fin de la vida con la muerte”, explica Kira, haciendo referencia a esa idea de la naturaleza cíclica de la existencia. Una vez más, el agua se convierte en materia prima de la obra de Bill Viola, para quien este elemento “es un conducto para la fuerza que jamás podrá ser contenida”. La instalación consiste en tres pantallas verticales en alta definición insertas en altares dentro de una sala completamente oscura. Esto y la instalación de sonido hacen que te sumerjas de pleno en esta historia de metamorfosis.

Bill Viola, Ocean Without a Shore. PLANTA. Fundacio Sorigue, 2019

En resumen, podría decirse que el videoarte es la edición y combinación de imágenes en movimiento y sonido con fines artísticos. Estas imágenes pueden estar registradas por el artista o bien extraídas de la web, y las herramientas son infinitas. Según Mario Gutiérrez Cru, director del Festival de Videoarte PROYECTOR de Madrid, “el videoarte es la imagen en movimiento, da igual si es un monitor, una proyección, una cámara, si está grabado o si es en tiempo real. Los límites, si es que alguna vez los hubo, se rompieron hace ya demasiadas décadas”. Con el arte conceptual es inútil intentar clasificar o etiquetar cada pieza. Ahora las disciplinas, técnicas y medios se entrelazan continuamente. Momu & No Es lo llevan más lejos: “Vivimos en un momento en el que encasillar, se convierte en una actividad castrativa porque elimina los matices en la construcción de las subjetividades”. Las etiquetas son nuestro enemigo, no solo en el arte, sino en la vida en sociedad.

“El videoarte siempre fue l’enfant terrible, el revolucionario, contestatario a la televisión primordialmente, al cine y a las artes plásticas de los años 60’. Era el gran desconocido, difícil de clasificar y de valorar”, explica Mario. Con la llegada de la televisión y las primeras cámaras de video, los creadores vieron una oportunidad para la experimentación. Bill Viola fue uno de ellos, empezó grabando en los 70’ todo lo que pasaba a su alrededor, hasta caer fascinado por el mundo del video y la inmediatez que ofrecía este medio. Entonces, todo era analógico y cada proyecto requería mucha preproducción y reflexión previa. Su trayectoria y la de muchos otros –como Nam June Paik, Pipilotti Rist, Dan Graham y, a nivel nacional, Eugenia Balcells, Domingo Sarrey o Antoni Muntadas– es un ejemplo de cómo es posible crear nuevos conceptos y corrientes a partir de las nuevas tecnologías, algo que se repitió en los años 2000 con la llegada de Internet. No fue hasta principios del siglo XXI, en que “hubo un primer acercamiento masivo por parte de ferias y galerías, que el videoarte empezó a ser visible por el gran público. Ganó adeptos y además grandes marcas posibilitaron, con la bajada de precios de cámaras y reproductores, un boom de este tipo de propuestas”, afirma Mario.

PROYECTOR2019-Mateo Mate-Viajo para conocer mi geografia-Conde Duque

Es imposible separar tecnología y videoarte, pero tampoco concebimos un día en la tierra sin el uso de la tecnología –excepto si vives en una tribu indígena en medio del Amazonas–. Y esto nos hace pensar en la conexión que existe entre este género artístico y el desarrollo de nuestra forma de vida. Avanzando paralelamente a la sociedad, el videoarte es un reflejo de sus avances. Por eso, nunca deja de evolucionar. Le preguntamos a la artista marsellesa Marion Balac hasta qué punto influyen las tecnologías en su trabajo y responde que lo hace casi todo con el ordenador, desde la recopilación de imágenes en Internet, hasta la posterior edición y creación de imágenes 3D. “Las herramientas son herramientas, siempre tendrás acceso a un montón de ellas, pero a veces, cuanto más sencillas, mejor”, explica. En el videoarte “no se precisa de la mejor calidad, sino de la mejor idea”, sentencia el director de PROYECTOR. Sus obras deben hacerte sentir, transmitirte algo, y no provocarte el síndrome de Stendhal – aunque nunca se sabe–. Y eso se consigue haciendo un uso sensorial de las imágenes. “Como cualquier otro medio, el videoarte puede ser mejorado con herramientas complejas, pero me encanta que cualquiera pueda hacer videos hoy usando las más comunes. Si hubiese tenido una herramienta de edición como la aplicación Tik Tok cuando era adolescente, mi paso por la escuela de Cine hubiese sido totalmente diferente, supongo. ¡Me alegro de no tener que editar de forma analógica!”, exclama Marion.

En ‘Global Windshield. The Musical’, video con el que Momu & No Es fueron finalistas del Loop Discover Award 2018, se explora el impacto de un mundo virtual e hiperreal e invita a cuestionar nuestra relación con la cultura tecnocrática y digitalizada en el espacio hibrido que habitamos, donde nuestras vidas tangibles están en una posición que se desmaterializa progresivamente. “La sobre-codificación, el encadenamiento, el delirio y el bucle convierten el video en una abstracción digital que combina música y poesía”, comentan Eva y Lucía. Se trata de un musical, donde transcurre un viaje en coche por una carretera que se transfigura en la Highway Agency, una brigada que te guía durante el viaje. “Ellas son las que cantan en cada una de las paradas técnicas del viaje y, por el camino, nos encontramos también con otros personajes que nos llevan por otros escenarios, entrando y saliendo de esa carretera antes de llegar a nuestro destino: el centro del universo”. Una historia de amor con el mundo virtual que habla de miedos y esperanzas al final de la carretera.

GLOBALWINDSHIELD, THE MUSICAL Momu & No Es

En España, la escena es “boyante”, llena de creadores, según sostiene Mario Gutiérrez. Su festival trae cada año a Madrid cientos de profesionales, intervenciones, exposiciones, videoinstalaciones y actividades alrededor del videoarte con el objetivo de profesionalizar el sector y crear un punto de encuentro y de debate. La 12ª edición de PROYECTOR se celebrará del 11 al 22 de septiembre de 2019. “Hoy en día hay muy potentes plataformas donde poder “consumir” –si se me permite este término en este contexto– increíbles piezas que nos podrían tener atados al monitor horas o días enteros. Aun así, nuestro festival y la plataforma con la que trabajamos todo el año, apostamos más por las piezas site specific, resultado de residencias, así como las videoinstalaciones donde el lugar en que se expone es tan importante como lo que se muestra”, relata. “Además, siempre apostamos por alguna pieza que sea interactiva, que sólo sea posible con la complicidad del espectador, y por piezas que mostramos en espacios públicos, escaparates, o lugares ajenos al mundo del arte, donde los espectadores de a pie se topan y conviven con obras de arte. Siempre es la parte más bonita del festival”.

Uno de los objetivos del videoarte es captar la atención del espectador, secuestrarla por unos instantes y puede que agitarla un poco. Lo consigue, por ejemplo, haciendo más llamativos los lugares expositivos o divulgando su obra en la red. La visualidad es crucial, pero no solo en el arte, sino en todo. Cada vez más, vayamos adonde vayamos, en nuestras pantallas o en el supermercado, lo que buscamos son inputs visuales. Por eso, el videoartista tiene la capacidad de entrar en nosotros y revolvernos por dentro, un gesto que para él puede ser liberador y para nosotros una fuente de riqueza.

En la historia del hombre no es la fuerza lo que ha cambiado el mundo, no han sido las armas, sino el arte. Y cuando veo la emoción que estamos viviendo en este momento pienso que esto tiene más energía que el arma más poderosa. (Bill Viola)

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