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por qué ha triunfado la última locura de supreme: un ladrillo



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Hoy, en productos de la evolución, hablaremos de Supreme, la considerada como la marca más grande de streetwear ahí fuera. Entre las colaboraciones con otras marcas, grandes artistas contemporáneos, sus ediciones limitadísimas y un marketing al detalle, su nombre ha trascendido hasta a su propio producto. Este es un ejemplo de lo que decía Warhol con el pop art, de cómo una marca o un logo puede convertirse en arte por sí mismo. Y en el caso de Supreme, su logo icónico la ha aupado al estatus de marca de culto al nivel que con solo pronunciar su nombre vuelve locos a adictos a las tendencias de aquí y allá. Pero como todo lo que produce la firma es susceptible de polémica: es bien sabido que el logo de Supreme en tipografía Future Heavy Oblique es un plagio, ya que está claramente inspirado en la obra de la artista conceptual Barbara Kruguer, que nunca dijo esta boca es mía hasta que, desde la barrera, vio como Supreme denunció a Married To The Mob por el plagio de una camiseta en la que se leía Supreme Bitch, señalando que esta pelea era demasiado irónica y que eran todos unos idiotas, hablando en plata. Pero la reputación de la firma está hecha de cemento, o mejor dicho, ¿de ladrillo?

La última es que cuando se presentó su colección Fall Winter 2016, se vio que uno de los ítems estrella iba a ser un ladrillo. Tal cuál. Y aunque no es una novedad que en cada colección metan un artículo un tanto inútil forrado con el logo, como un martillo o una calculadora por poner solo dos ejemplos, el ladrillo se lleva la palma, pero, ¿por qué? Simple: es una manera fácil de dar que hablar, mientras tú mismo ironizas sobre el juego de la fama. Pero en el proceso, dejas a tus clientes en un lugar un poco comprometido, pero esto es solamente un paso más en la relación de amor-odio entre Supreme y sus fans. Es como un chiste con moraleja: yo pongo a la venta un ladrillo banalizando sobre la cultura del consumismo por marcas, y la gente se vuelve loca por comprarlo, y eso nos lleva a la conclusión de que la humanidad se está yendo al garete y bla bla bla. El día del lanzamiento en tienda, efectivamente hubieron colas y colas y se legitimó la teoría de que algunos comprarían cualquier cosa mientras sea de marca. Pero lo interesante es que quizás esto va más allá de una fina maniobra de marketing o de confirmar el Apocalipsis: quizás es una obra maestra, más allá de demostrar que pueden hacer lo que quieran, se trataría de puro arte conceptual a lo Warhol y su lata de Campbells, o a lo Jeff Koons y su perro hecho de globos, elevando a arte lo cotidiano, entre lo que estarían los productos de la marca. Quizás esto es esperar demasiado y no haya explicación lógica más allá de que han sacado un ladrillo porque les ha dado la gana. Y del lado del consumidor, no vamos a caer en la obviedad de preguntar qué te lleva a comprar un ladrillo Supreme, porque ahí nos flaquean los argumentos. En algunos foros, hay quien ha calculado qué costaría hacerse una casa de ladrillos Supreme y hay quien calcula cuántas cosas de Supreme pueden comprarse con su sueldo mensual. A veces, la sociedad moderna es maravillosa.

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