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Las muertes chiquitas: “Los orgasmos: de una prohibición a una obligación”



Mireia Sallarès es la autora del proyecto Las muertes Chiquitas que se expuso este finde en el CCCB. En los momentos previos a la proyección de la película de no ficción nos dedicó su tiempo para responder sin titubeos a nuestras preguntas. Estas piezas que componen su obra relativa al orgasmo femenino no hacen más que vislumbrar cómo le ha cambiado la vida a la directora tras esta experiencia que duró más de cuatro años.

Por Blanca Valero

Coméntanos un poco, ¿de qué va este proyecto?

Pues, efectivamente, es mejor llamarlo proyecto porque tiene distintas piezas. Es como un pequeño puzzle en el que encajan varias piezas. Tal vez la más grande, la más importante es la que se va a ver hoy y mañana que es una película de no ficción, o documental, basado básicamente en entrevistas a mujeres muy diversas en condiciones sociales, culturales, de edad… que viven en México. Lo realicé hace ya más de diez años en distintas parte de la República mejicana. El título, que es Las muertes chiquitas, es una expresión mejicana que se refiere al orgasmo; igual que los franceses le llaman la petite mort. El orgasmo sería el inicio sobre cómo cada mujer vive y le da sentido a su vivencia de los orgasmos y terminamos hablando de muchas otras cosas. ¿Por qué? Pues porque el placer de las mujeres (el orgasmo sería el paradigma del placer de la mujer), sigue siendo hoy en día el campo de batalla. Hay muchas limitaciones para el placer libre de las mujeres y hay mucha gente que gana dinero, votos o suma fieles en función de lo que puede hacer o no un cuerpo gozoso y de mujer. Por ello, es una película que de repente estás hablando de orgasmos que estás hablando de colonialismo, racismo, propiedad privada, fraude electoral… como si fuera algo vinculado al placer de las mujeres, esa sería la hipótesis.

¿Por qué centrar este proyecto en México y no en otros países latinoamericanos, por ejemplo?

Esto ya tiene que ver con los azares de las biografías personales de cada una. Yo tengo una tía, la padrina, que era mi tía la moderna, la más arriesgada, la más divertida… y yo estaba fascinada con ella. Ella vivió varios años en México cuando yo era una niña preadolescente y me mandaba cartas y fotos. Como te decía, este proyecto está lleno de piezas como fotografías de las protagonistas con un neón luminoso, documentación varia que es como un collage lleno de notas y materiales que se incluyeron en el libro del proyecto… En el CCCB se pueden ver estos materiales, entre los que está una de mis fotos favoritas que me mandó mi tía: ella abrazada a un tiburón que acababa de nacer en la piscina del hotel en el que ella trabajaba. Claro, yo era una niña de doce años y decía ¡Wow! Fue un deseo de muy pequeña querer ir a México. Es un proyecto donde junté dos deseos, o dos asuntos pendientes, por un lado ir a México, que fue un deseo de mi infancia y conocer este país tan diverso –no hay un México, hay muchos– y por otro lado hablar de mis orgasmos. Mucha gente me preguntaba ¿cómo se te ocurre hacer un proyecto sobre los orgasmos? No, esto no se te ocurre. Esto lo traes tú atravesado porque no tienes, porque te cuesta, porque no te atreves a hablar de ello… En esta sociedad el placer de las mujeres pasó de ser una prohibición a ser una obligación. Antes no debíamos tener orgasmos, ahora hay que tener orgasmos. En esta película se pregunta si hay algo que pueda estar entre la prohibición y la obligatoriedad. Me he perdido un poco respondiéndote la pregunta, pero es un buen ejemplo de este proyecto. Está hecho como una necesidad de hablar de mis orgasmos, pero sin control. Tenía la necesidad de hablar de ello y no me atrevía a hacerlo aquí. Los periodistas me decían mejicanos me decían ¿por qué no hizo este proyecto en España? Y yo decía que no me hubiera atrevido. Además, está basado en una metodología de trabajo que sonará muy marujil, pero que es muy real, que es que a una persona que no conoces de nada y te genera confianza –porque la confianza es muy intuitiva– le puedas hablar de más cosas que a tu propia madre o a tu propia amiga. ¿Cómo le dices ahora a tu amiga, a los 30 años que en realidad eres lesbiana? Se va a pensar que siempre te quisiste liar con ella y nunca le dijiste nada, cuando tú le estás hablando que te has enamorado de otra chica. Hay esa idea de que el extranjero te da mucha libertad para hablar.

Hay muchas limitaciones para el placer libre de las mujeres y hay mucha gente que gana dinero, votos o suma fieles en función de lo que puede hacer o no un cuerpo gozoso y de mujer.

A raíz de lo que has dicho sobre que existen muchos Méxicos, ¿se te hizo difícil contactar con todas estas mujeres debido a su diversidad?

No, no tuve ningún problema, fue increíble. Eso habla de la generosidad de un pueblo como el mejicano, de la valentía de estas mujeres, de la capacidad de narrarse. Vamos a ver una película con mujeres, no solo de las que han gozado, también de las que han sido víctimas de violencias fuertes, pero no las recibes como víctimas. Citando a Maite Larraui, filósofa que escribió un texto para la primera versión del libro, “las víctimas normalmente no denuncian, alguien habla por ellas o hablan con las palabras de aquellos que les han dicho que deben denunciar”, esto no pasa en esta película. Es la potencia que tienen estas mujeres, porque a mi no me gusta hablar de empoderamiento (a mí del poder lo único que me interesa es quitarlo y repartirlo). No fue difícil porque una me fue llevando a la otra. Otra metodología de trabajo sería el chisme. Lo digo con cariño, sobre todo para quitar el peso peyorativa sobre ciertas cosas que se ha vinculado a la mujer. El chisme tiene también una potencia y posibilita cosas que son buenas.

En esta sociedad el placer de las mujeres pasó de ser una prohibición a ser una obligación. Antes no debíamos tener orgasmos, ahora hay que tener orgasmos.

Esta película de no ficción dura cinco horas, ¿tuviste alguna dificultad a la hora de proyectarla en el ámbito nacional e internacional debido a su duración?

Sí, claro. En México no he tenido problema, pero sí. Es increíble, podemos tragarnos tres temporadas de Juego de tronos en un día o en un fin de semana, pero cinco horas, aunque nos lo dividan en dos partes cuesta. Es verdad que la intensidad y la dimensión de este documental no te deja indiferente, entonces cuesta más. Hay algo paradójico con esta película: cuando llevas 30 o 40 minutos, aunque lo que te están contando es muy íntimo o muy fuerte, te das cuenta que no va de lo que cuenten ellas, sino de lo que hubieras contado tú si hubieras aceptado a hablar de esto. Esta película también te rompe prejuicios, porque todos tenemos prejuicios, a mi me encanta. Eso significa que tienes una idea antes de, te atreves a tenerla, y si eres bocazas, que me encantan, metes la pata y ahí hablamos. El problema es mantener, si no encaja en “lo que a ti te han dicho que”. Todavía hay muchas mujeres que no han sentido orgasmos, porque nos han metido que ahora es obligatorio tenerlos, y encontrar a una mujer que se atreva a decirlo en público sin sentir culpa ni vergüenza, es trabajo de arqueología. Además, sientes que es culpa tuya, que es tu responsabilidad. Hablas con mujeres de los años 60 y piensan ¿de verdad que yo luché para una libertad sexual tan bulímica, tan teta y tan culo? ¿A eso le llamamos libertad sexual?

¿Quiere añadir alguna sobre cómo ha vivido este proyecto?

A mi me cambió la vida. Duró cuatro años, fue un proyecto largo… Dura cinco horas y yo filmé 100. Me quemé las retinas delante de la pantalla editando. Hay poca concesión estética, pero lo importante era la palabra, teniendo en cuenta que es una película que te hace preguntarte sobre ti. Ahora a cito a una cineasta, Jill Godmilow, que cuando hicimos una gira por Estados Unidos presentaba “esta es la primera película de no ficción hecha en el llamado tercer mundo donde salen mujeres que han sido víctimas de violencia que no te dan ni pena, no necesitan de tu ayuda ni siquiera de tu simpatía, más bien te la ofrecen”. No es tanto para sensibilizarte con ellos es para decir que me quede como estoy que estoy estupenda. Es para mantener status quo y no para hacer cambiar las cosas. No es para dar voz a las pobres mejicanas, esto es una película de alguien con muchísima necesidad que se va a México a realizar un proyecto y allí consigue tener orgasmos por sí sola, que todavía no lo había conseguido. Yo creo que la masturbación nos puede salvar la vida, de verdad lo creo.

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