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#lamonoPLEASURES: el dúo leafhopper cocina un plato malasio a cuatro manos

lunes, mayo 7th, 2018 | T: lamono

Hay distintas formas de afrontar una situación: desde la superficie, quedándote con la primera impresión y observando tras el manto de los prejuicios; o bien desde dentro. En este caso, intentas siempre ir más allá, comprender qué es lo que lleva a las personas a actuar de un modo concreto, evitando hacer juicios de valor. En esta línea, la pareja compuesta por Blanca Galindo y David Simon, y unida tanto en el arte como en el amor bajo el nombre de Leafhopper, ha viajado por todo el mundo adentrándose en entornos marginales y explorando nuevos horizontes relativos al comportamiento humano. David y Blanca son dulzura, son garra, son efectividad, son un pack, incluso en la cocina. Así que les hemos pedido que nos preparen algo exótico y sabroso y han elegido el nasi kerabu, un plato malasio con orígenes en la realeza, que Nika Shevela se ha encargado de maridar con un buen vino.

http://www.leafhopper.eu/

Sois un dúo fotográfico. ¿Qué es lo que aporta cada uno al trabajo conjunto? Cuando empezamos a trabajar juntos todo fue muy natural y progresivo. David había estado trabajando en Georgia y Armenia y yo (Blanca) en Ucrania. Él pudo acceder mayoritariamente a un mundo masculino y yo a un universo femenino. Y, aunque si nos ponemos a hablar de género y lo que consideramos la construcción de género tenemos aquí otro debate, pensamos que estas dos visiones podían ser complementarias. El primer trabajo conjunto fue en San Petersburgo: mezclamos cámaras, miradas y visiones y estuvimos cómodos y contentos con la experiencia. Con el paso de los años, nos parece muy interesante la capacidad de reflexión conjunta, la puesta en común de las ideas y que vayan mutando de uno a otro creando nuestra propia visión. David es más cuadrado, meticuloso y transmite mucha calma; yo soy más impulsiva, incombustible y creativa. Pero sobre todo es el complemento lo que hace que Leafhopper sea así.

Vuestro último proyecto trata sobre las adicciones; las hay de todo tipo y muchas veces están relacionadas con las actitudes y entorno en el que vivimos. ¿Cómo explicaríais vuestra serie It’s a Wonderful Life? El entorno es súper importante por supuesto, pero uno puede ser víctima también de su propia “jaula”. Además, también hay enfermedades mentales que distorsionan nuestra percepción y puede derivar en conductas adictivas. It’s a Wonderful Life nació como evolución de otros proyectos. Habíamos estado trabajando de una manera más gráfica y directa temas relacionados con drogodependencia y alcoholismo. Estuvimos debatiendo muchísimo antes de disparar porque sabíamos que teníamos que abrir más la mente y no quedarnos con la representación más documental y gráfica porque para nosotros ya no tenía sentido. Pasaron muchos meses hasta que nos sentimos libres de disparar la primera foto, el primer retrato fue a una persona a la que amamos, con la que vivimos y su vida se estaba convirtiendo en un infierno. Para este proyecto nos hemos documentado a muchos niveles: sociología, psicología, farmacología, antropología… Contactamos con dos eminencias sobre el tema, Johann Hari y Bruce Alexander, con ellos charlamos sobre el proyecto y nos asesoraron. Al final ha resultado un proyecto muy libre sobre la necesidad de conseguir placer, de estar bien, la necesidad de conectar, y que cualquier cosa es susceptible de convertirse en adicción. ¿Hasta qué punto beneficia tener sociedades adictas? ¿A quién beneficia? Se nos abren muchos interrogantes y caminos posibles a cada paso que damos en este proyecto. Nos hemos devanado los sesos estos años desarrollándolo, pero para nosotros, centrarnos en un tema siempre conlleva aprendizaje.

¿Tenéis alguna adicción? David fuma de manera compulsiva desde la adolescencia. A viajar por supuesto, siempre ha estado ahí, y no pensamos renunciar a ello jamás. David y yo nos preguntamos a veces si nuestra adicción será el amor, el vínculo que tenemos y lo que nos proporcionamos el uno al otro. Luego, por supuesto, somos bichitos sociales y cuando estamos solos un tiempo (no esa soledad que uno busca para reflexionar) nos ponemos tristes.

Habéis documentado ambientes hostiles relacionados con el mundo de las drogas y la noche. ¿Os habéis encontrado alguna vez en una situación chunga que no vayáis a olvidar? Pues la verdad es que no. A veces, en los lugares que uno piensa que podría estar menos seguro, cuando te aceptan, es cuando más seguro estás: da igual que sea con una pareja heroinómana en los suburbios de San Petersburgo o la capilla de la Santa Muerte en DF. Eso sí, siempre con respeto y confianza. Una vez acompañamos a una persona a comprar “ice” a su camello, que vivía en una de las suites de un súper lujoso Hotel en Kuala Lumpur y nos quedamos flipando con la cantidad de lujo que por ahí asomaba. El tío acababa de salir de la cárcel, y sentimos mucho respeto, porque además allí todo lo relacionado con el tráfico tiene consecuencias penales muy duras, como la pena de muerte por horca. Sin embargo, no hemos tenido ningún susto. Una vez, una moto le tiró del bolso a Blanca. Ella lo agarró tan fuerte que se rompió y cayeron al suelo la Hasselblad, el móvil y el monedero, la tiraron al suelo y toda la rodilla izquierda se quedó rasguñada y hecha un desastre. Esa es la única vez que realmente ha sentido vulnerabilidad y miedo.

¿Qué es lo que más os llama actualmente y qué tema que todavía no hayáis cubierto desearíais documentar con todas vuestras fuerzas? Estamos inmersos en varios proyectos muy interesantes ahora mismo. Uno de ellos trata sobre el coral, es una especie de oda a esos animales-minerales-plantas tan increíbles y su deterioro en todo el mundo debido al cambio climático inminente y a la acción del hombre. Acabamos de volver de una expedición increíble por algunos de los países donde hay mayor biodiversidad coralina y preservación de su hábitat. Con este proyecto, lo estamos experimentando más formalmente. Por otro lado, estamos trabajando en una historia familiar que enraíza una estrategia de la Segunda Guerra Mundial que tuvo lugar en Huelva.

¿Cómo lleváis lo de cocinar? ¿Quién sujeta la sartén en casa? Somos un buen equipo en la cocina: David tiene una virtud maravillosa que es cortar muy, muy bien y muy pequeñitos los ingredientes; yo soy normalmente quien remueve, mezcla y añade los ingredientes. Como en nuestro día a día, sin duda, es un trabajo colectivo que se nutre de las dos visiones y de las ganas de ambos.

¿Qué receta habéis elegido y por qué? Queríamos hacer, sin duda, algo relacionado con Malasia porque es donde nació Leafhopper. Es un lugar que a nivel gastronómico nos enamora siempre que volvemos. Además, la oferta culinaria es variada y rica debido también a la mezcla de culturas. Nos hemos decantado finalmente por el nasi kerabu (algo así como “arroz ensalada”) porque nuestra amiga Khim lleva un proyecto que mezcla arquitectura y permacultura llamado Children of Soil en Malasia y, antes de irnos, nos regaló unas cuantas flores Clitoria ternatea de su jardín. Conocíamos este famoso arroz azul porque lo hemos comido alguna vez allí y nos flipaba su color y saber que tiene este color de forma natural. El nasi kerabu es típico de la frontera del norte de Malasia con Tailandia, y dicen que es un plato que proviene de la cocina de la realeza de Kelantan.

A veces, en los lugares que uno piensa que podría estar menos seguro, cuando te aceptan, es cuando más seguro estás: da igual que sea con una pareja heroinómana en los suburbios de San Petersburgo o la capilla de la Santa Muerte en DF

INGREDIENTES (para 2 pax):

Para el arroz:

1 taza de arroz tipo tailandés

15 flores ‘clitoria ternatea’ secas

2 tazas de agua

1 ramito de limoncillo (lemongrass)

1 hoja fresca de Lima kaffir

1 rodaja de jengibre

Para el pescado con sambal:

1 lubina fresca

3 cucharadas de aceite

60g cebolla

1 diente de ajo

1 limoncillo (lemongrass)

2 cucharadas de coco rallado

4 cucharaditas de camarones secos

Media cucharada de azúcar

Un cuarto de cucharada de sal

4 chilis rojos pequeños cortaditos

Para el acompañamiento:

100g de brotes de soja frescos

200g de judías aladas (Psophocarpus tetragonolobus)

1 huevo cocido

Crackers de gambas

Sambal

PASO A PASO:

1. Remojamos las flores secas con agua caliente durante media hora.

2. Mientras tanto, freímos la lubina en un poco de aceite hasta que esté completamente hecha y cuando esté fría la desmenuzamos.

3. Cuando haya pasado media hora y tengamos el agua de color azul, hervimos el arroz en esta agua con el limoncillo, las hojas de kaffir lima y las rodajas de jengibre. Ponemos un poco de sal al gusto.

4. Pasamos los camarones por la sartén hasta que se doren y, cuando estén secos y doraditos, los pasamos por el mortero. Hacemos lo mismo con el coco rallado, cuando esté doradito lo pasamos por el mortero.

5. Cortamos la cebolla, los chiles, el ajo y el ramito de limoncillo, y metemos todo en un recipiente para batir con la sal, el azúcar y un chorrito de aceite. Lo batimos hasta tener una pasta.

6. Ponemos un poco de aceite en una sartén y echamos la pasta que hemos hecho anteriormente, lo hacemos un poco hasta que desprenda olor y entonces echamos la lubina desmenuzada, las gambas y el coco machado. Salpimentamos.

7. Hervimos el huevo y lo cortamos por la mitad.

8. Cortamos las judías aladas en rodajas muy pequeñas.

9. Montamos el plato tal y como veis en la foto con el arroz en medio, rodeado por los ‘crackers’ de gamba, el huevo cocido, las judías cortadas, los brotes de soja frescos y una cucharadita de sambal en un pequeño recipiente.

¡Y VOILÀ!

MARIDAJE, de la mano de Nika Shevela:

Para el maridaje, Nika, de The Wine Alphabet, ha escogido un blanco para paladares inquietos. Procede de las Islas Canarias, en concreto del Valle de la Orotava, que destaca por su abanico amplio de variedades autóctonas y por un sistema curioso de conducción de la viña: el cordón trenzado. Igual que el nasi kerabu, requiere mimo y cuidado especiales. Según explica Nika, el vino elegido refleja esa peculiaridad en su nombre – Trenzado – y está elaborado por la bodega Suertes del Marqués, una de las bodegas más interesantes de Canarias y del territorio español. Lleva todo un bouquet de distintas uvas autóctonas como Listán Blanco, Pedro Ximénez, Albillo Criollo, Gual, Marmajuelo o Malvasía. Además, está fermentado en barrica, lo que le da un ligero punto de cremosisad y marida a la perfección con la textura del arroz. Su terroir le confiere el punto de salinidad y frescura: los aliados perfectos para el pescado, otro ingrediente clave del plato. En resumen, lo tiene todo para maridar con el nasi kerabu. Me hace pensar en dos primos muy lejanos pero emparentados, que emprenden un viaje largo para encontrarse en el Mediterráneo.

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