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acercando el coleccionismo de arte a las nuevas generaciones

jueves, marzo 15th, 2018 | T: lamono

Coleccionar arte siempre nos ha parecido algo solamente apto para unos pocos privilegiados. Probablemente, cuando intentas imaginarte a un coleccionista de arte, te viene a la cabeza un hombre con traje y un puro entre los dedos, o una mujer alta y elegante, con joyas que muestran su estatus. Tal vez porque a menudo parece que el arte sea como un capricho, algo meramente decorativo, como un mueble caro. Pero ese es precisamente el primer error que cometemos en una sociedad en la que el arte y la cultura hacen mucho bien y son completamente necesarios para el desarrollo. Conscientes de la barrera invisible que separa a las galerías del público joven, Andrea Coll y Nacho Vallés han creado KOYAC, una plataforma que ayuda a adquirir obras de artistas reconocidos a precios asequibles para todos los bolsillos. Hablamos con ellos y con la subdirectora de la feria de arte Swab, Carolina Díez-Cascón, y conocemos la perspectiva de una coleccionista apasionada. T: Vicky Navarro; Foto de portada: KOYAC afterworks-Catalina Jaramillo.

http://swab.es/es/home.html

https://koyac.net/es

Convencida de que “el arte es muy importante para la vida porque expresa y conecta con nuestra parte emocional”, Carolina Díez-Cascón asegura que “siempre, de una manera u otra, hay que tener cierto contacto con él”. Ella lo ha tenido desde pequeña; su padre, Joaquín Díez-Cascón, es el fundador de la Feria de Arte Contemporáneo Swab, que el año pasado cumplió diez años y que se ha consolidado ya como la feria de arte de Barcelona, con 70 galerías a su lado. Carolina cogió el relevo de su padre y explica que, además de convertir Swab en un reflejo de las tendencias contemporáneas, lo que busca es que “sea una feria fácil de ver, cómoda y para todos, que rompa con las fronteras excluyentes que muchas veces se han creado en el arte”. Hay que dejar de considerar el arte como objeto de lujo, y verlo como “un objeto creado desde el corazón y el pensamiento, una pieza única”. Mucha de la gente que ha comprado arte en Swab le cuenta luego como al observar las piezas se acuerdan de ese momento tan especial en el que la inspiración y la motivación del artista conectó con ellos. “Esa es la magia del arte, las emociones que al verlo despiertan en nosotros”, afirma Carolina.

Por su lado, Andrea Coll estuvo siempre interesada en el arte contemporáneo y trabajó durante años en el sector. Aun así, tenía problemas para encontrar obras a un precio asequible (sabiendo que estas existían). Además, se dio cuenta de que gran parte de la población jamás entraba en las galerías y que aún menos lo hacían los jóvenes. Así que, junto a Nacho Vallés, decidieron crear KOYAC, una plataforma online que promueve el coleccionismo de arte contemporáneo acercando al público obras que no superan los 2.000€. “Entendimos que la mayoría de los actores principales del mercado del arte no estaban siendo capaces de incluir a nuevos públicos ni de llamar la atención de los jóvenes”, explican. Con KOYAC quieren demostrar que también ellos pueden tener obras de los artistas más admirados del mundo en su casa. Por un lado, el startup se encarga de simplificar el proceso de búsqueda y compra, haciendo una selección previa y asesorando a sus usuarios de forma gratuita y personalizada. Y por el otro, quiere formar a la gente publicando semanalmente una revista especializada para que “cualquiera pueda aprender y estar al día sobre el mundo del arte y se sienta cada vez más cómodo moviéndose en él”.

Swab Barcelona 2017 (F: Marc Medina)

Bajo el lema “el buen arte no es sólo para millonarios”, los fundadores de KOYAC aseguran que “el precio de la pieza en sí no tiene que ver con su calidad, sino con el formato, la técnica o la tirada”. Es posible, por ejemplo, tener en casa la obra de un artista de la talla de Julião Sarmento, que encontramos en grandes museos como el MoMA, el Guggenheim de NY o el Pompidou, por menos de 2.000€. “El valor o calidad de la obra se entiende por el valor de la obra de ese artista en su conjunto y su trayectoria”, dice Nacho Vallés. Además, el buen arte no es solo aquél que crean artistas mundialmente conocidos. “Si se entiende el arte como cualquier objeto artesanal que a uno le resulte bello, se puede tener arte por poquísimo dinero”, asegura la coleccionista Patricia Alvarez. Uno de sus cuadros favoritos, por ejemplo, es un óleo pintado por la madre de una de sus mejores amigas que representa un mar gallego en plena tormenta y que compró por el importe que necesitaba simplemente para cubrir los gastos de la tela y las pinturas.

Patricia colecciona pintura moderna y artesanías de todo tipo. Queremos saber por qué colecciona arte, cómo empezó todo. “Estar delante de una obra de arte que me gusta me provoca la misma sensación que contemplar un bonito paisaje de cualquier lugar del mundo: una mezcla de armonía y felicidad tranquila que me gusta experimentar”, dice. Al principio, su presupuesto solo le permitía adquirir artesanías y algún dibujo de artistas desconocidos. “Las primeras dos obras algo más importantes que compramos fueron dos Diabelli Fleurs de Eduardo Martín del Pozo, de la serie Suite Rouge, allá por 2014”. A partir de ese momento empezaría a coleccionar de forma más seria. Para ello, “siempre me he ajustado al presupuesto que tenía en cada momento: cuando ha sido poco, he comprado cosas pequeñas que bien enmarcadas o bien situadas potenciaban su valor; cuando he podido permitirme algo más, reconozco que lo he pagado encantada, aunque nunca he comprado obras carísimas”, explica.

‘Diabelli Fleurs’, de Martín del Pozo, en casa de Patricia Alvarez

Y, ¿qué consejo darías a alguien que quiere empezar a coleccionar? Según Patricia, es mejor empezar poco a poco. “Hay artistas muy buenos a precios súper asequibles y galerías y ferias de arte que saben perfectamente que no todos los amantes del arte son millonarios y te ayudan a escoger piezas buenas adaptadas a tu presupuesto”. Por otro lado, nos cuenta que “hay muchas ONGs y fundaciones que organizan subastas benéficas donde los artistas ceden obras renunciando a gran parte de su caché que luego se venden al público para recaudar fondos”. Así es como en las Navidades del año pasado ella compró un óleo/collage de Badri Lomsianidze de 2m x 2m a menos de la mitad de precio de lo que cotiza una obra similar en el mercado. “Está claro que los que hacen la verdadera obra benéfica son los artistas que ceden las obras, pero es una bonita manera de contribuir a la causa y comprar arte barato a la vez”, añade.

la sociedad a menudo se aleja del arte porque el propio mundo del arte le cierra las puertas

Carolina Díez-Cascón cree que lo primero es perderle el miedo al arte y valorarlo desde la posición de que forme parte de tu vida cotidiana. Salir a descubrir y ver mucho. “Es como con la buena comida, que tienes que acostumbrar a tu paladar; para poder reconocer una buena obra tienes que acostumbrar a tu ojo, ir a galerías, museos, exposiciones y ferias y estar al día de todo lo que se está creando”. Ella colecciona desde pequeña. “Por suerte o por desgracia los hijos de coleccionistas solemos heredar el gen”, bromea. De niña coleccionaba todo tipo de cosas (cromos, pegatinas, canicas pintadas a mano, bolis que suben y bajan, etc). “Como todo, el arte también sufre modas y las colecciones también evolucionan con las tendencias y gustos del cambio de la persona. En mi caso empecé con piezas de pop surrealista y pintura figurativa, que con mi madurez ha ido transformándose y derivando en algo que conserva esa base de amor a la pintura pero mucho más depurado y conceptual”. Desde hace dos años comparte su colección con su pareja y sus últimas adquisiciones han sido una escultura de una palomita de la artista americana Pae White y un dibujo/instalación en mina de lápiz y tinta invisible del artista español Daniel Martín Corona.

Carolina Díez-Cascón

Pero el gusto y el valor por el arte son cosas que pueden adquirirse, aunque no se hayan mamado desde pequeño. Hasta hace relativamente poco, Nacho Vallés apenas iba una o dos veces al año a exposiciones, y desde que empezó a trabajar con la idea de KOYAC, a base de ver, hablar y aprender, ha ido siendo capaz de distinguir qué le gusta y qué no; qué obras le conmueven y cuáles le intrigan. “Ha sido (y está siendo) un proceso, durante el que poco a poco voy absorbiendo influencias, aprendiendo y descubriendo un mundo que me era desconocido y que es apasionante”, dice. Es esencial ser curioso y no tener miedo a preguntar a los galeristas, porque al ser algo tan subjetivo, “mucha gente cree que si pregunta hará el ridículo o dará a entender que no sabe sobre arte”. Y es que “la sociedad a menudo se aleja del arte porque el propio mundo del arte le cierra las puertas”. Además, las instituciones públicas no apoyan al sector: “pagar el IVA del 21% sobre productos culturales es como circular con el freno de mano puesto”, afirma Nacho, y añade que “en nuestro país el consumo de cultura no es muy elevado y la gente no es muy consciente de la importancia que tiene en nuestro entorno”. Pero “creo que el arte contemporáneo y todas las manifestaciones artísticas tienen una capacidad de atracción enorme y que sólo hay que salir a mostrarlo para que la gente reaccione y empiece a valorarlo”.

En KOYAC intentan poner las cosas fáciles ofreciendo a quienes quieran comprar arte la posibilidad de pagar a plazos, dando asesoría y apoyo al comprador tanto antes como después de la compra y haciendo selecciones semanales en las que presentan todo tipo de obras. Valoran mucho el trabajo de promoción y difusión que realizan las galerías, y el papel de éstas en la carrera de los artistas, por lo que siempre operan con obras que provengan de éstas. “Así podemos garantizar que los artistas que ofrecemos están avalados por buenas galerías que les respaldan”, explican. De momento, ya han trabajado con artistas como Antoni Tàpies, Joan Brossa, Antonio Ballester Moreno o Ángela de la Cruz, a nivel nacional, y Waltercio Caldas, Laure Prouvost, Jorge Macchi o Carsten Nicolai como ejemplos de artistas extranjeros. Su próxima meta: ofrecer más obras de artistas jóvenes.

Equipo Koyac (de izquierda a derecha) Andrea Coll, Nacho Vallés y Laura Sunyer

Con el daño que ha hecho la crisis en la última década, parece imposible pensar que el sector del arte haya podido sacar algo bueno de todo ello. En cambio, Carolina cree que no todo ha sido negativo en esta nueva situación, porque “ha hecho que tanto galerías como coleccionistas hayan tenido que reinventarse, por un lado, reduciendo sus colecciones, y por otro especializándose en únicos formatos más adecuados a esta nueva era”. También los artistas “han explorado nuevas vías y han vuelto a técnicas más tradicionales y las galerías han renovado la clásica plataforma, apostando por nuevos formatos online, abriéndose a un mundo de intercambio y participación en ferias internacionales y ampliando así los límites físicos de la propia galería”. Todas estas dinámicas han hecho que el arte se acerque más a la gente, que los precios sean más asequibles y que “nazca el nuevo coleccionista, nuevas galerías jóvenes y espacios independientes”, explica.

Pero todavía nos queda mucho por llegar al nivel de países que establecen la cultura como base de la educación. La cultura es muy poco apoyada en este país, pero lentamente estamos presenciando el cambio. Carolina asegura que “la situación social y política actual está despertando una búsqueda por el desarrollo nuevamente intelectual y los valores que la cultura siempre ha aportado a la sociedad”. Vivimos en una era en la que nada interesa, “a no ser que se pueda sacar provecho con retorno rápido o te dé más de 50mil seguidores en redes sociales”, pero poco a poco, nos daremos cuenta de que “el arte es tan necesario como la ciencia para crear una comunidad formada en su totalidad, es parte del progreso”.

Swab Barcelona 2017 (F: Marc Medina)

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