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The Ugly Truth: #LaObraMásCara, el graffiti a debate



Este año en ARCO, la feria de arte contemporánea de Madrid que ha abierto las puertas el pasado miércoles, la obra más destacada no es, como se esperaba, el Personnage et oiseau de Miró ni el Perú como invitado de honor. Y es porque hoy en día, lo viral parece tener más peso que lo sustancial. Es por eso que “La Obra Más Cara”, la campaña de Renfe desarrollada por la agencia de publicidad Shackleton, se está llevando toda la atención.

Pero no negaremos su trascendencia. La campaña busca concienciar a la ciudadanía que la limpieza de graffitis en trenes cuesta al año 15 millones de euros que, por ser la empresa ferroviaria pública, pagamos entre todos los contribuyentes. Identificando el graffiti como vandalismo, alejándolo totalmente de cualquier consideración artística, la obra más cara de ARCO es una puerta graffiteada de un tren de Cercanías bajo el lema “El graffiti es un lujo que no nos podemos permitir”. Con la transformación de esta puerta en un mensaje, Renfe está convirtiendo algo que afirma no ser arte, en arte. En palabras de Juan Silva, director ejecutivo de Shackleton, “la puerta en el tren no es nada, pero exponerla en ARCO, la convierte en una herramienta de comunicación”.

Desde luego, lo más importante es que esto provoca un debate, un ejercicio de generación de ideas. Si bien la campaña es aplaudida por muchos, lo que manifiestan en Twitter a través del hashtag #LaObraMásCara, gran parte de la población se opone. Para empezar, obras muy caras que implican la gestión de Renfe se han destapado este año, véase que el Tribunal de Cuentas ha hallado sobre costes de 7.637 millones de euros en convenios urbanísticos de estaciones de AVE. ¿Ese lujo sí nos lo podemos permitir?

Pero no acabamos ahí. Que el graffiti no sea considerado es otra máxima que nos gustaría cuestionar, más allá de términos tan absolutos. El graffiti es una forma de expresión de la cultura urbana que está constantemente invalidada por discursos institucionales. Pero, además, no todo tiene que ser siempre tan blanco o negro. Es maravilloso cuando se exploran las posibilidades de la sinergia entorno urbano-arte. Buscar un camino común entre arte e infraestructuras. Muchas son las ciudades por el mundo que se han decidido a celebrar el arte urbano, como Montreal con su Festival Mural, el Wonderwalls en Australia, o sin ir más lejos, el Ús Barcelona por aquí, donde los artistas callejeros convierten edificios en asombrosas piezas visuales. Quizá sea solo cosa de acercar posturas, y empezar de cero. ¿Demasiado idealista?

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