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#lamonoPLEASURES: The Doping Club, el menú como lienzo en blanco



Los caminos para el foodie en Barcelona son inescrutables. Hay opciones para todos los gustos, los bolsillos y las ganas de innovar. Pero seguro que hay una pequeña facción que está ahora mismo pensando: si, ya, pero todo está visto. Piensa otra vez: porque hoy en lamonoPLEASURES no os traemos una sola opción, sino un 3 x 1. The Doping Club es una fórmula transgresora importada desde Milán, que nos trae al corazón del Eixample una experiencia por fases, como si de un videojuego se tratase. En la primera pantalla, una pizzería gourmet con nombre propio, Dirty Office, para pegar un primer bocado a sus deliciosas pizzas e ir calentando. Después, accediendo a las entrañas del local de 175 metros cuadrados y casi de forma clandestina, nos espera el restaurante de autor, un lugar en el que cada día, el menú es un lienzo en blanco. Y para acabar, al final del local, encontramos un rincón que es todo encanto y bohemia: la coctelería creativa, en la que podrás sentirte James Bond y pedirlo agitado, o como te dé por ahí. Pero el concepto no se enmarca en algo solamente gastronómico: la decoración de interiores rebosa exquisitez y denota que hay alguien detrás con muchos kilómetros andados. El responsable es Alessandro Mario Cesario, el dueño del local, que ha querido imprimir los recuerdos de muchos de sus viajes, creando un espacio ecléctico y eléctrico.

Capitaneado por los chefs Mauricio Zillo y Franceso Ruggiero, si hay una cosa que has de saber cuando cruzas la puerta del The Doping Club, es que lo que vas a vivir en ese momento es algo único, creado gracias a diferentes variables: no hay carta, el menú se realiza según los productos de temporada (y del día en el mercado) y tus preferencias mandan. La procedencia de estos productos es local, prestando atención al cultivo ecológico y a la cría salvaje y de proximidad. Una vez ante el menú, verás que no es como estás acostumbrado/a: el camarero (o tu guía en la experiencia) te da un listado de los productos con los que trabajaran los chefs hoy y solo hoy. A partir de ahí, descartas los que no te gustan o los que no puedes comer por alergias, eliges cuántos platos quieres que tenga tu menú (de 3 a 5) y los magos gastronómicos se ponen a crear.

Nosotros nos encontramos con productos típicos de esta temporada primaveral como unas estupendas alcachofas del Prat, una buena mojama, kokotxas de bacalao, habas del maresme, remolacha, chirivía, pomelo, calçots,  kale o berberechos. Nuestro menú consistió de cuatro platos: empezamos con unas alcachofas del Prat con reducción de mejillones y mojama, un plato ciertamente sabroso y fresco para empezar la degustación. Seguimos con unas kokotxas de bacalao al pilpil de guisantes, pomelo y nieve de hojas de mostaza, un magnífico plato en el que el sabor de las kokotxas se veía resaltado por el amargor del pomelo y la mostaza. El colofón lo puso una pluma ibérica de cerdo con puré de almejas, col y rábano que fue el toque caliente de la velada, y con el que disfrutamos de su sabor a brasa. El viaje gastronómico iba maridado con cócteles de autor, como nuestro favorito: sake, dry vermut y ginebra, una mezcla que nos transportó a otra época. Y es que además de la decoración y la experiencia, The Doping Club ofrece música en directo de jueves a sábado de 23h a 00h para los más hedonistas. Sí, no lo has visto todo, y aún queda mucho por descubrir: ¡y menos mal!

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