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#lamonoPLEASURES: benzina, cocina romana y espíritu neoyorkino



No sabemos qué tiene la calle Parlament, pero allí se respira los fines de semana un ambiente que nos tiene enganchadísimas. Sale el sol y las calles se llenan de movimiento, vino, buenas tapas y terraceo festivo. Así que celebramos la llegada de un nuevo hotspot en Passatge de Pere Calders que creemos que aporta algo nuevo al barrio y donde, al entrar, te das cuenta de que no es un restaurante más. Hablamos de Benzina, ubicado en el que había sido el restaurante Lando y, antes que eso, un antiguo taller de coches. De ahí el nombre de Benzina y que su dueño haya querido conservar el rollo industrial de las paredes, combinándolo con muebles de estilo vintage, resultando informal y elegante al mismo tiempo.

En Benzina la cocina romana se fusiona con el espíritu de Brooklyn, siendo Roma y Nueva York las dos ciudades que han inspirado su creación. Alejándose un poco de la típica trattoria italiana, pero conservando los sabores y cocina tradicionales de Italia, la carta propone unos entrantes brutales. Pero vamos a empezar por el principio: fuimos a verles un sábado al mediodía y nos recibieron con unos cócteles. En su carta de cócteles no esperes encontrar los típicos Aperol Spritz o Negroni, sino más bien combinaciones frescas y algo tropicales. Nosotras apostamos por el Club Tropicana, con aperol, zumo de piña, fruta de la pasión y cava; y el Rich Girl, a base de aperol, limoncello, angostura y romero. Ideales para un aperitivo.

En seguida nos trajeron su focaccia casera y entonces fue el turno de los entrantes. Nos pedimos la ensalada de pulpo, con patatas, olivas de Kalamata y apio, que a mucha gente no le gusta, pero a nosotras nos pareció que quedaba de lujo. Después llegó la stracciata con cigala y bottarga (¡qué rico, por favor!). Era suave, ácida y salada al mismo tiempo. También nos encantó el timbal de berenjena, que era más o menos como una parmigiana, con tomate, mozzarella y albahaca. Estos eran los entrantes más italianos, pero también preparan bacalao frito o con tomate confitado, calamari fritti o uno muy original que son los higos marinados con nueces y sésamo.

Ahora sí, era el momento de la pasta que, en su mayoría es fresca. Hay apuestas que no fallan, como los espaguetis a la carbonara o los raviolis con ricota y espinacas, aunque nosotras nos decantamos por algo más marinero: espaguetis con almejas y fettucine con lubina y limón. El primero es suave, ligero, con un toque picante y delicioso si te gustan las almejas. Y los fettucine, bastante más contundentes, estaban de muerte, con su salsa blanca y la frescura del limón. Lo acompañamos todo de un buen vino blanco de su extensa carta de vinos italianos.

No llegamos a los segundos, entre los cuales hay tasca de cordero, tagliata de buey, bacalao al guazzetto o lubina a la sal. Lo dejamos para nuestra siguiente visita. Eso sí, lo que no podíamos dejar para otro día era el postre, así que nos pedimos el tiramisú y una tarta de chocolate con frutos rojos que, según nos contaba el propietario, hace realmente su Mamma. Esto fue el súmmum, que culminamos con un vino dulce Zibibbo de Sicilia. Para despedirnos, un limoncello y, después, hora de la siesta.

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