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#lamonoCHATS: kepa acero, el surf es vida



 

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Hay momentos que te cambian la vida. Hechos o decisiones que marcan tu camino. Hay gente que se atreve a renunciar a todo para vivir como cree que debe vivir. Kepa Acero renunció al surf de competición para viajar por el mundo. Cogió una cámara, y se fue. No solo ha grabado olas de todos los continentes. Ha filmado gente, situaciones, lugares… Para él lo importante es el camino y el surf es el objetivo que le empuja a avanzar. En 2017 sufrió un accidente surfeando en Mundaka. Ese instante le hizo ver las cosas de una forma distinta. Hemos tenido el honor de poder hablar con él en la preestrena de Shaka, donde hace de mentor de Mathieu Crepel. Sus ojos transmiten tranquilidad. Sus palabras honestidad. Es un enamorado del mar. Es un surfista auténtico, de aquellos que tienen sal en las venas. Se nota en cada una de sus respuestas. Charlamos con él en el estreno de Shaka en BCN, la película de Quiksilver que sigue las peripecias por el mundo de Mathieu Crepel ante uno de los retos más importantes de su vida: surfear una de las olas más grandes del mundo. ¿Qué le aconsejó Kepa Acero antes de lanzarse a ello? Sigue leyendo y lo sabrás. T: Xevi Bonell y Ariana Triola / F: Ocean 52

A los 16 años, campeón de Europa junior. Empezaste a competir, pero te aburrías. Ahora te dedicas no solo a surfear, sino a documentar todo lo que vives. ¿Eres más feliz así? No sé si la palabra es feliz, pero sí; en el sentido de que cuando competía no tenía ese espíritu de rivalidad. Así, quizás no era aburrimiento, pero desde luego no me llenaba. Y ahora, por contrario, estoy haciendo lo que a mí de verdad me gusta y me llena. Y por tanto, sí, estoy mucho más feliz.

En 2013 te fuiste a la Antártida, pero no pudiste surfear. Viajas por todo el mundo, ¿hasta qué punto el surf es una parte indispensable del viaje? El surf es mi pasión. Entonces, me gusta porque, además, es una conexión directa con la naturaleza. Es mi objetivo, para primero hay que llegar a esos lugares. Sin un objetivo es más difícil llegar a algún lado, pero por eso yo elijo el surf. Me empuja, avanzo. Es importante tener algo que te empuje. Sin embargo, también debo decir que siempre le he dado importancia al objetivo, pero no tanta a alcanzarlo como al camino que recorro para llegar a él. Al final, es toda la gente, las culturas, los retos y el aprendizaje personal a lo que yo le doy verdadera importancia, lo que he querido documentar.

Después del accidente de enero de 2017 en Mundaka, ¿cuándo decides que te vuelves a meter en el mar? Realmente fue en el momento en que me dijeron que iba a volver a caminar. Si todo iba bien en la operación, ya estaba pensando en volver a Mundaka. Es un sitio que forma parte de nuestras vidas y de nuestras ilusiones y lo tenía clarísimo desde el primer minuto. En cambio, me acuerdo que en primavera fui a pasear por Mundaka, y ahí sí que tuve sensaciones fuertes.

Hemos leído que una persona muy especial se quedó la tabla de ese día. ¿Nos podrías decir quién es? No. No es que no os lo quiera decir. De mi boca no salió. Hay bulos por internet. La tengo yo, y no tengo ningún problema en utilizarla. La tabla no se hizo nada.

Mathieu Crepel es un prodigio de la tabla ya que la usa en nieve y en el mar. ¿Porqué es tan inusual que practique estas dos modalidades a la vez si en la base se parecen tanto? No es tan inusual que la gente las practique, ya que yo también hago snow. Pero sí que es muy inusual que él lo haga bien en las dos. En snow es un fuera de serie y en el surf es muy bueno también. No al mismo nivel, pero es muy bueno. Eso sí es inusual. Y tiene capacidad de surfear olas gigantes como las que vais a ver en Shaka. Este el reto.

En Shaka, Mathieu Crepel se dedica a pedir consejo a los mejores surferos del mundo. ¿Crees que sin vuestro apoyo se hubiera atrevido? Yo creo que él hizo bien en asesorarse, es la manera de hacerlo, es un aprendizaje, es la manera de hacer las cosas con un poco de sustancia. Hay gente que no lo hace así, pero como en todos lados, yo creo que eso está mal. Porque sobre todo cuando entras en un sitio así, tomas un compromiso con tu vida. Hay cosas que no dependen de ti, pero todo lo que puedas controlar, hay que dejarlo bien hecho. No vaya a ser que pase algo malo, y haya sido por no estar preparado. En ese sentido, Shaka también tiene una carga didáctica.

 

En otras disciplinas, como en Moto, F-1, tenis… los profesionales no se van pidiendo consejo los unos a los otros. ¿Porque sois distintos las amantes de la tabla? No generalizaría tampoco porque hay de todo como en todos lados. En situaciones de olas grandes o en sitios en los que te sientes vulnerable, nos apoyamos el uno al otro. Es el ser humano, no el surfista. Cuando estás ahí en el agua y viene una ola gigante estás pendiente de que a esa persona no le pase nada. Ahí se crea. Luego te vas a tomar una cerveza con esa persona y se rompen barreras, hay más cercanía. Hay una comunidad ahí, en la que todo el mundo está pendiente del riesgo y se ha creado una cultura de eso, de hermandad, de compañerismo. Pero no lo pondría como norma general ni mucho menos, porque el surf tiene sus caras feas.

Es difícil de verlas. No te creas, se ven bastante. A veces el tema de los localismos. Hay sitios donde cabe muy poca gente. Es como cuando hay tres sillas y somos cinco, pues alguien se queda sin silla. Pasa un poco con las setas en el monte, cada uno tiene su sitio que es un secreto y no lo dice. Es una condición del ser humano, hay mosqueos y tal. Eso pasa. El localismo es una de las caras más feas del surf.

¿Cómo te sientes siendo uno de los escogidos como mentor de Mathieu? La verdad es que cuando me lo propuso, le conteste que encantado. La experiencia que tengo yo no es en olas grandes. A mí me gustan las olas con tubo, las que puedes ir dentro de la ola. Olas intensas, pero no grandes. Pero bueno, estas olas grandes en concreto son con tubo, en eso sí que tengo más experiencia. Le aporté todo lo que pude. No sé si le funciono (risas).

“Los surfistas invertimos una media de cuatro horas en el agua a contracorriente, con el frío… ¿Para qué? Para estar una media de 15, 20 segundos encima de una ola. Hay mucho de paciencia, perseverancia, un trabajo previo. No mucha gente está dispuesta a luchar por esto. Pero a veces, esos 3- 4 segundos son tan intensos, que le hacen a uno hasta viajar el otro lado del mundo. Solo por esos segundos.” – Kepa Acero

¿Cómo crees que va a reaccionar la gente con esta película?  Shaka es una historia suya (Mathieu), personal, y dentro hay un montón de historias bastante intensas. Tiene una parte didáctica muy potente, y por otro lado una parte emocional con mucha energía en algunos momentos. Yo creo que va a haber una ovación y alguien se va a ir con algo que le va a servir para el resto de su vida. En el fondo, estas historias nosotros las enfocamos al surf, pero pueden valer en lo que hagas tú, o tú…

 “Al final todo tiene un aprendizaje”, ¿filosofía del surf? Los surfistas invertimos una media de cuatro horas en frío, contracorriente… ¿Para qué? Para estar una media de 15, 20 segundos encima de una ola. Hay mucho de paciencia, perseverancia, un trabajo previo. No mucha gente está dispuesta a luchar por esto. A veces, esos 3-4 segundos son tan intensos, que le hacen a uno hasta viajar el otro lado del mundo. Solo por esos segundos.

Cinco olas en cinco continentes, Antártida, Namibia… ¿En qué proyecto estás ahora? Un proyecto que realicé fue, conjuntamente con mi pareja, recopilamos gente que donaba sus tablas viejas a través de las redes sociales y después las enviábamos a África. Queríamos retornar, dejar algo a cambio de todo lo que nosotros nos llevábamos de esos viajes y enseñar a esas comunidades a surfear. Éste era un primer punto. El segundo es devolver algo al mar. Debemos cuidarlo, dado que el océano es el principio de la vida. Es un proyecto que trata de dar la vuelta, intentar concienciar a la gente de lo importante que es. Así, en el País Vasco mismo el otro día hicimos una recogida de plástico y basura en general de la orilla. A veces creemos que la gran cantidad de plástico en el mar se concentra en lugares como India, pero debemos ser conscientes que aquí también hay, y mucho.

¿Crees que podremos llegar a solucionar esta situación? Yo quiero pensar que sí. Desde luego vamos cuesta abajo y sin frenos, pero, a mi parecer, no queda nada más que la esperanza e intentar levantarlo. Yo creo, o quiero pensar que sí, que podemos llegar a concienciar a la gente. Es verdad que, por un lado, vamos mal. Pero, por otro, hay muchas iniciativas y mucha gente proactiva. Al final, lo que importa es que nuestra acción no quede en el intento.

En Namibia viste gente usando puertas de frigorífico como tablas de surf. Has estado nadando con pingüinos en la Antártida… De todas las experiencias que has vivido, si tuvieses que escoger una, ¿cuál sería? Yo creo que la experiencia que más me ha marcado es el accidente. Sí, porque, al final, cuando viajas sólo tienes compromiso con lo que haces y con la vida. Pero de pronto, estás en casa, en Mundaka con los amigos, por Navidades y te pegas un golpe. Y de repente, estás en el hospital, has estado a punto de morir o de no poder caminar nunca más. Para mí fue mirar por la ventana del hospital y ver que la vida sigue, y tú, estés o no, no vas a cambiar eso. Fue un aprendizaje, porque a veces hacemos de nuestros problemas el centro del universo, y no somos tan importantes como nos creíamos. Y por otro lado, aún siendo tan pequeños, que haya tanta gente que te apoye es algo bonito. Ves que hay personas que creen importante que tú estés aquí. Y eso es algo que intento recordar todos los días desde entonces. Así, por eso, creo que es posiblemente la experiencia más enriquecedora que he vivido. Parece mentira que tengas que darte un golpe así para entender, para ver.

Si no hubieses escogido el camino del surf. ¿Dónde crees que habrías terminado? Pues no lo sé. La verdad es que todo fue un golpe de suerte. Mi padre es de Bilbao y mi madre de Durango, todavía más del interior. Entonces, mi padre, profesor de filosofía, hizo unas oposiciones y encontró trabajo al lado de la costa. Caímos en el 80, en Algorta, con un skatepark y con gente surfeando y patinando. Mis hermanos y yo nacemos y crecemos en estas circunstancias. Y resulta que además se nos da especialmente bien el surf. Pero mi padre estuvo a punto de sacar esa oposición en Vitoria. ¿Qué hubiera pasado? Pues yo que sé. Las circunstancias son las que son. Pero bueno, me siento agradecido por cómo ha salido todo.

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