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la sinestesia en el arte: ¿sabías que estos 5 artistas la tienen?



Jimi Hendrix

Melissa McCracken y su impresionante interpretación de Little Wing, de Jimi Hendrix.

La percepción que tenemos del color es algo de un carácter intrínsecamente visual: podemos imaginarlo y reconocerlo en los objetos, y en la naturaleza de todas las cosas que nos rodean. Sin embargo, para algunas personas el color es algo que expande sus horizontes mucho más allá: una experiencia multi-sensorial, inherentemente ligada al sonido, a la textura, al gusto, a las formas… Se trata de un fenómeno neurológico, que ya ha sido bautizado con el nombre de sinestesia y, de hecho, se estima que un afortunado cuatro por ciento de la población mundial la tiene. Es una experiencia sensorial involuntaria, de la cual llegan a distinguirse hasta setenta tipos distintos de esta rareza neuronal: desde aquella que permite saborear el tiempo hasta la que es capaz de permitir oler una sinfonía. Una forma radicalmente diferente de ver y sentir el mundo y, por supuesto, también una nueva y infinitamente fascinante perspectiva des de la que hacer arte. El cantante y compositor Pharrell Williams afirmaba no hace mucho en una entrevista que la sinestesia es algo que tienen casi todos los artistas. Desde Vincent van Gogh a Marilyn Monroe, pasando por David Hockney, Frank Ocean, Kanye West (aunque a este ya sabemos que se le va la olla con todo)… Hoy hacemos un repaso por cinco de estas personas poseedoras del prodigio neurológico de la sinestesia, que se sirven de su especial talento para convertir su disfunción cerebral en una forma absolutamente extraordinaria de arte. Una ventana abierta a un mundo absolutamente distinto pero, sin duda, también mucho más embellecido por este juego trastornado de los sentidos. Entremos… T: Raquel Bueno

Melissa 1

Imagine, de John Lenon.

 

Melissa 2

Lucky, de Radiohead.

Melissa McCracken, música para los ojos

Con base en la ciudad de Kansas, esta artista americana permite a su cerebro interpretar sus canciones favoritas mientras ella se entrega con vehemencia a los pinceles y las inmortaliza. No fue hasta los quince años que se percató, al preguntarle a su hermano de qué color era la letra C (de amarillo canario, por si vosotros también os lo estabais preguntando), que entendió que tenía sinestesia y que su cerebro no funcionaba de forma exactamente igual al de los demás. La más maravillosa de sus disfunciones cerebrales es su capacidad de ver la música que escucha. Rozando el surrealismo, ¿no? Y es que la música fluye, para ella, como una mezcla de texturas, movimientos, tonos… Añadiendo un aura totalmente única y casi mágica al mundo que experiencia. Y el resultado, qué queréis que os diga, es una maldita maravilla.

Coulter1

Coulter 2

Jack Coulter, color para los oídos

Pues nada, otro joven artista que oye el color. Un pintor de tan solo veintiún años que se inspira en Kurt Cobain (y quién no) y que cree que el arte es una forma insuperable de terapia. Y vaya si lo es: sus cuadros son tan vívidos, tan viscerales, que reclaman casi a la fuerza la atención de quien los mira. Un ejemplo más de esta extraña, pero no por eso menos bella, condición cerebral…

Kandinsky 1

Kandinsky2

Wassily Kandinsky y su cello azul profundo

Y, como quien no quiere la cosa, nos vamos de los más jóvenes talentos hasta aquellos referentes más clásicos. Las pinturas abstractas de este pintor ruso (1866-1944), que se convertiría en el precursor de la abstracción en la pintura, constituían la peculiar forma que poseía el artista de contemplar la música en colores, líneas y formas. Él, de hecho, tocaba el violoncello, un instrumento que era capaz de evocarle un profundo color azul. Años atrás, describiría así su sinestesia: “Colour is the keyboard. The eye is the hammer. The soul is the piano with its many strings. The artist is the hand that purposely sets the soul vibrating by means of this or that key. (El color es el teclado. El ojo es el martillo. El alma es el piano con sus muchas cuerdas. El artista es la mano que hace vibrar el alma deliberadamente por medio de esta o aquella llave) ”.

Charles Baudelaire, la sinestesia de las palabras

Y de un clásico de la pintura a otro, pero de la poesía. Y es que, para este artista de las palabras (que fue el máximo referente en poesía durante el simbolismo francés) existía una especie de relación entre la sensación y la emoción y, por supuesto, eso se debía a su posesión de una de las variedades de la extraña condición de la sinestesia. En un soneto de 1857, Correspondences, se muestra especialmente evocador al describir este fenómeno multi-sensorial:

Perfumes and sounds and colours correspond.

Some scents are cool as children’s flesh is cool,

Sweet as are oboes, green as meadowlands.

(Perfumes y sonidos y colores se corresponden.

Algunos aromas son tan frescos como fresca es la carne de los niños,

Dulces como oboes, verdes como praderas.)

Frank Ocean, amor en naranja

Y volvemos a nuestros contemporáneos con este mago de la música que (sí, lo habéis adivinado) también sufre –o goza, según como se mire– de sinestesia. Y es que, con tanto hablar de sinestesia, nos hemos quedado con ganas de saborearla un poco más (aunque ellos puedan verla, oírla, tocarla…) y, hace ya cinco años, este rapero y cantante americano lanzó al mundo el álbum Channel Orange –su debut formal–, que es ni más ni menos que fruto de su sinestesia. Esto se debe a que el color naranja, precisamente, adquiere una importancia de dimensiones inimaginables para él. Fue el color que vio cuando se enamoró por primera vez, y ya sabemos que el primer amor nunca se olvida… Y menos si se inmortaliza a través de una canción o, por qué no, un álbum entero.

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