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el otro lado de las TED talks: ¿por qué se ha quemado el formato?



TED 1

Los TED talks se han hecho célebres por sus dosis de férrea y constante inspiración, por despertar en nosotros ese subidón de adrenalina intelectual tan profundo y visceral. Nos han dado las claves del éxito con independencia del campo, las pautas para triunfar en la vida, para perseguir nuestros sueños a toda costa y lograr alcanzarlos, vivir de nuestra pasión sea ésta la que sea, dar la vuelta al mundo sin un duro y, por encima de todo, no dejar de creer en el poder de las ideas y en que, si se persevera y se lucha hasta el final por un sueño, este se acaba cumpliendo. Toda una oda a la fuerza de la voluntad indomable de la mano de videos con millones de visualizaciones, que han conseguido cambiar el rumbo de muchas vidas y que nadie sea capaz de dejar de compartirlos y hablar de ellos. Pero, ¿cómo han conseguido las TED talks producir ese efecto tan hondo en la gente?

Mil doscientas ciudades y hasta ciento treinta y tres países han hospedado hasta la fecha charlas de TED, que ya suman dieciséis mil quinientas en lo que la organización lleva de historia. O, dicho en otras palabras, la impresionante cifra de ochenta millones de visualizaciones entre todos los vídeos colgados en su web y poco más de la mitad en su canal de Youtube. Se dice rápido, ¿no? Su éxito, se debe indudablemente a la calidad de sus ponentes, pero va mucho más allá. El je ne sais quois que ha llevado a las TED talks al estrellato reside en su líder Chris Anderson y en el resto del equipo que se esconde detrás de cada charla. Las TED talks acaban por resultarnos tan interesantes porque los temas que su equipo selecciona, los ponentes y las audiencias, también lo son. Su esencia es clara, según manifestaba la creadora y directora de TEDx Lara Stein: se trata de contar historias, de forma autentica y simplificada. Y de ahí su triunfo, porque sus organizadores y la gente que trabaja para el éxito de cada charla no lo hacen ni por dinero ni por fama, lo hacen –o al menos lo hacían– para marcar una diferencia. Todo es fruto de la más casta e inmaculada pasión. O bueno, al menos lo era.

Ted 4

Ahora, sin embargo, parece que la originalidad y la frescura de sus primeras charlas se ha ido desgastando con el tiempo y que, al final, la esencia del evento ha acabado perdiéndose por el camino. Su propio fundador y antiguo director, Saul Wurman, lo afirmaba:

«Hace poco vi a Bono hablando en una conferencia de TED. Leía su discurso a partir de un teleprompter. La pantalla incluía indicaciones del tipo “muévete a la izquierda”, “espera a que finalicen los aplausos”, “toma un respiro”. Me pareció que no estaba viendo un evento en vivo. Parecía más un programa de televisión. Se había perdido toda la espontaneidad».

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Eran palabras duras con el rumbo que ha tomado el formato del evento. Ni su propio fundador reconoce ya el espíritu inicial de las TED talks, y ahora muchas de sus charlas están demasiado orquestadas y parece que han perdido toda su naturalidad. Lo que empezó siendo una única conferencia hace ya casi treinta años sobre tecnología, entretenimiento y diseño (y de ahí sus siglas: Technology, Entertainment and Design) ha ido creciendo hasta convertirse en un fenómeno con dos eventos masivos al año y muchos más a escala regional promovidos por TEDx. Sus fans siguen sus charlas como si de un fenómeno de culto se tratara, pero lo que empezó siendo algo único y espontáneo parece ahora una parodia, como si intentara imitarse, irónica y paradójicamente, a si mismo. Aquello que un día fue excepcional y toda una propuesta emergente en el reino de las ideas ha sido embotellado, empaquetado y revendido una vez detrás de otra. Se ha quemado al intentar comercializarse, como tantas otras cosas se han quemado antes y acabarán quemándose después. La pregunta que nos hacemos hoy es: ¿es demasiado tarde para volver atrás? ¿A las raíces de aquel producto tan único que nos ha llenado de tanta y tan variada inspiración? Mientras seguimos cavilando sobre el tema, os dejamos con un par de las charlas más memorables de TED. Porque aunque las cosas cambien y el capitalismo tóxico en el que vivimos acabe por empañarlo todo, siempre podremos revivir la pasión de las primeras charlas y, si no, que nos quiten lo bailado. T: Raquel Bueno

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