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arte y censura: o cómo hacer que el tabú perdure



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¿Es Egon Schiele censurable?, nos preguntamos.

El tiempo pasa y no aprendemos. Recientemente saltó la noticia de la censura que ha vivido la obra de Egon Schiele en Alemania e Inglaterra. En estos países, los carteles con las obras del artista austríaco han sido tapados parcialmente con una banda en la que se puede leer: “Lo siento, tiene 100 años pero sigue siendo demasiado atrevido”. Esto se debe a la negación de estos países a exponer públicamente las obras de dicho autor. Argumentan que son demasiado “pornográficas”. En fin. Y en esas estamos. La misma historia de siempre. El cuento de nunca acabar, el juego del gato y el ratón entre el arte y la censura.

Arte y censura han ido siempre, desgraciadamente, muy de la mano. Lo sorprendente no es eso, sino que en pleno siglo XXI aún tengamos que estar debatiendo esto. Intentemos definir primero que es arte y qué es pornografía, a ver si conseguimos sacar algo en claro. Entendemos el arte como una práctica que se realiza con la finalidad de expresar algo, ya sea una idea, una emoción, o simplemente por motivos estéticos. Y, aunque podríamos debatir largo y tendido sobre la subjetividad de la estética, menospreciarla de primeras sin reflexionar sobre ella sería caer en un error. Y, ¿Qué es la pornografía? ¿Cuál es su finalidad? ¿Es estética? ¿Quiere expresar una idea, una emoción? No, la pornografía quiere despertar la excitación sexual de aquella persona que la consuma. Punto. Aquí ni hay ideas, ni sentimientos. ¿Estética? Entraríamos en lo subjetivo, pero no sería nunca su finalidad esencial. Entonces, ¿es la obra de Egon Schiele pornográfica? ¿Pintaba para excitar sexualmente? Creo que está claro que Schiele nunca tuvo esa intención.

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La obra de Egon Schiele es sin duda provocativa. Desde su concepción ha representado algo que, desafortunadamente, sigue siendo un tabú en nuestra sociedad: nuestros cuerpos desnudos. Además, Schiele huye de la representación clásica del cuerpo y utiliza un trazo mucho más crudo e incómodo. Pero el cuerpo, cuerpo es, independientemente del estilo artístico con el que esté representado. Y su representación no puede equipararse a la pornografía por defecto. ¿Podríamos afirmar entonces que La Maja desnuda es porno? ¿Y Las tres Gracias es la representación de un trío lésbico? Parece absurdo, ¿no? El cuerpo en sí no puede ser tratado como algo pornográfico porqué eso sería admitir que nuestros cuerpos sólo existen como objeto sexual, nunca como representación de algo estético ni como el recipiente para transmitir un mensaje. Y aunque parece lógico que en tiempos pasados la gente pudiese escandalizarse ante algo así, cualquiera diría que en pleno 2018 algunas sociedades llamadas abiertas y con una gran tradición artística aún se negasen a algo así y, peor aún, hiciesen comparaciones fuera de contexto, menospreciando la obra de un artista. Al final, lo único que se consigue es la estigmatización del cuerpo, hacer que el tabú persista y convertirnos en pequeñas masas llenas de complejos. (vía: El Español). T: Raúl Garrigós.

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